Unetané Tokef

Leonard Cohen, Unetane Tokef

Esta plegaria se atribuye a Rabí Amnón de Mainz, que vivió en Alemania hace más de 1000 años, en condiciones tan extremas que siguen conmoviendo hasta el día de hoy...

Amnón era un hombre sabio, justo, y fiel a los principios de la Torá de Moisés. 
 
El duque (otros dicen que el obispo) un día lo llamó y le dijo: “Amnón, eres demasiado inteligente para seguir siendo judío. Quiero que una persona de tus capacidades se convierta al cristianismo. Si no lo haces, te castigaré duramente“.

Dame tres días para pensarlo, 
dijo Amnón. 
 
Pasaron los tres días. Amnón no se presentó ante el duque quien, encolerizado, envió a buscar a Amnón, y lo reprendió severamente por no haber cumplido su promesa. 
 
Amnón le contestó: Reconozco que he hecho mal, y yo mismo pido mi castigo: cortadme la lengua que no supo contestar inmediatamente y pidió un plazo de tres días. No estoy dispuesto a renegar de mi religión

No la lengua, sino las piernas te cortaremos porque no te trajeron a mí cuando se cumplió el plazo, 
respondió el duque con furia. 
 
Le cortaron las piernas y los brazos. Al día siguiente era Rosh Hashaná. 
 
Amnón, con sus últimas fuerzas, pidió que lo llevaran a la sinagoga y que le dejaran decir una oración. 
 
Dijo la sección que comienza con las palabras: Unetane tokef kedushat haiom (Proclamaremos la grandeza de la santidad del día) y expiró.
 
Tres días más tarde, cuentan, apareció Amnón en el sueño de Kalonimus ben Meshulam y le repitió la oración para que la escribiera y la incorporara al Majzor. Desde entonces, es una de las más conmovedoras en el ritual del año nuevo judío.

Esto es lo que dice Unetané tokef:

Proclamemos la sublime santidad de este día, vibremos ante su imponente solemnidad
 
En este día Tu soberanía es exaltada, Tu trono se erige sobre un firme y constante amor, y reinas en él con la Verdad
 
En verdad Tú eres Juez, Consejero y Testigo
Tú inscribes nuestras acciones que están selladas ante Tu justicia, Tú recuentas nuestros actos, y recuerdas aquellos hace mucho olvidados
 
Tu abres el libro de nuestros días, y lo que en él está escrito proclama la evidencia de nuestros actos, pues porta el sello de cada ser humano
 
Un poderoso Shofar suena, mas solo se percibe un suave susurro; los ángeles atenazados por temor y temblando claman: “He aquí el día del juicio”
 
Pues hasta las huestes angelicales son sometidas a Tu justicia así como todo lo que mora sobre la tierra comparece ante Ti
 
Así como el pastor congrega a su rebaño y lo hace pasar bajo su cayado, así Tú reúnes, y cuentas, y consideras cada alma y ser viviente
 
Tú,  recordando a todo ser viviente, estableces los límites de la vida de cada criatura y decretas su destino
 
En Rosh Hashaná se inscribe, y en Iom Kipur es sellado:
Cuántos pasarán por este mundo, y cuántos nacerán
Quién vivirá y quién morirá
Quién cumplirá sus días y quién será truncado
Quién perecerá por el fuego y quién por el agua
Quién por la espada y quién por bestia salvaje
Quién por el hambre y quién por la sed
Quién por terremoto y quién por la plaga
Quién ahorcado y quién apedreado
Quién estará seguro y quién será arrastrado
Quién estará sereno y quién perturbado
Quién será pobre y quién será rico
Quién será humillado y quién enaltecido
 
Pero el arrepentimiento, la plegaria y la tzedaká atenúan la severidad de nuestro veredicto
 
Esta es Tu gloria, tú eres lento en la ira y presto a perdonar, pues no deseas que los confundidos mueran, sino que abandonen sus maneras y vivan
 
Aún hasta sus últimos días los esperas, y los acoges ni bien se vuelven hacia Ti
 
Tú nos has creado, y sabes lo que somos. No somos más que carne y hueso
 
Nuestro origen es el polvo, y al polvo volveremos
 
Cada uno de nosotros es una vasija resquebrajada, 
                                         hierba por marchitarse, 
                                         una flor que pierde su color, 
                                         una sombra que sigue su camino 
                                         una nube que pasa, 
                                         una partícula de polvo flotando en el viento
                                         un sueño que se olvida demasiado pronto
 
Más Tú eres nuestro Dios Viviente, y Rey Eterno
 
Y esta es la letra de “Who by fire”, de Leonard Cohen.
¿Quien por el fuego, por el agua,
por el brillo del sol, por la noche,
por el más grande de los calvarios, por un juicio común,
por tu alegre mes de mayo,
por el lento declive,
quien, debo decir, está llamando?¿Y quién, por su único error, por los barbitúricos,
en éstos reinos de amor, por ser honesto,
por las avalanchas, por el polvo,
por su gula, por su hambre,
quien, debo decir, está llamando?¿Y quien por su rotundo “sí”, por acidente,
en solitario, frente a su espejo,
por orden de su mujer, por su propia decisión,
encadenado mortalmente, con poder,
quién, debo decir, está llamando?

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Esta plegaria se atribuye a Rabí Amnón de Mainz, que vivió en Alemania hace más de 1000 años, en condiciones tan extremas que siguen conmoviendo hasta el día de hoy...
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