¿Por qué se lee el Salmo 30 en Janucá?

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Los judíos sefaradíes (originarios de España) recitan el Salmo 30 después del encendido de las velas.

Un Salmo; un cántico en la dedicación de la Casa de David

Te exaltaré, Oh Adonai porque me has levantado,

Y no permitiste que mis enemigos se regocijen por de mí.

Oh Adonai, mi Dios,

A ti clamé, y me sanaste.

Oh Adonai, Tú sacaste mi alma de las profundidades;

Me diste vida, para que no descendiese a la sepultura.

Cantad a Adonai, Oh vosotros sus santos,

Y dad gracias a Su santa reputación

Porque [solo] un momento dura su ira.

Pero su favor dura toda la vida.

Hasta la noche puede durar el llanto,

pero por la mañana vendrá la alegría.

En mi fortaleza he dicho:

No seré jamás conmovido,

Porque tú, Oh Adonai, con tu favor afirmaste mi monte como una fortaleza.

[Cuando] escondiste tu rostro, me aterroricé.

A ti, Oh Adonai, clamaré,

y a Adonai suplicaré.

¿Qué provecho hay en mi sangre, cuando descienda a la sepultura?

¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará Tu verdad?

Escucha, Oh Adonai, y ten misericordia de mí;

Adonai, sé Tú mi auxilio

Por mí, has cambiado mi lamentación en danza;

Desataste mi sayal, y me fortificaste con regocijo.

De manera que cante alabanzas para Ti, y no quede en silencio.

Oh Adonai, mi Dios, te daré gracias por siempre.

Otros rituales de Janucá

Durante Janucá, la oración central de los servicios sinagogales (la Amidá) recibe un agregado llamado Al Hanisim (literalmente, “por estos milagros”), que también se incorpora a la acción de gracias después de las comidas. 

El Halel ( los salmos 113-118) también se leen durante el servicio matutino todos los día de la celebración.

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