¿Qué se celebra en Janucá?

¿Qué se celebra en Janucá?

En esta guía, encontrarás todo lo que necesitas saber sobre Janucá, la fiesta de las luces...

Janucá y el milagro de la libertad religiosa

Janucá significa “rededicación”. La festividad lleva ese nombre por la ceremonia de rededicación del templo de Jerusalén, que había sido profanado por los seléucidas en su intento de helenizar a Jerusalén e Israel..

Janucá es observada durante ocho días, y parte de lo que se celebra es la milagrosa victoria de un pequeño grupo de judíos sobre el poderoso ejército seléucida que buscaba terminar con el judaísmo para siempre.

El relato más conocido de Janucá es el del regreso de los vencedores a Jerusalén, cuando encontraron el Templo en estado de abandono. 

Al comenzar a limpiarlo y repararlo, encontraron que había aceite consagrado suficiente para encender las lámparas del Templo por un solo día. 

Ese aceite, sin embargo, ardió durante ocho días; dando tiempo para conseguir más aceite consagrado y rededicar el templo.

Esta historia milagrosa fue durante mucho tiempo relegada a los márgenes de la historia de Janucá, pues se puso el énfasis en la victoria militar más que en el triunfo espiritual que la historia de Janucá implicaba.

Los rabinos que alrededor del siglo III ec volvieron a poner esta historia en el centro de atención, no lo hicieron solo para introducir una historia milagrosa en la celebración, ni para hacer a la festividad más “child-friendly”.

Los sabios creían que el pueblo había perdido la comprensión de lo sagrado vinculado a la festividad, y trataron de volver a elevarla a un plano religioso superior.

Origen y desarrollo histórico de Janucá

El desarrollo de los acontecimientos históricos en el antiguo Cercano Oriente proporciona el telón de fondo para la historia del milagro de Janucá.

Alejandro el Grande había conquistado Israel y la mayor parte del Cercano Oriente. Cuando murió en 323 aec., su imperio se dividió entre sus generales, dos de quienes establecieron sus propios reinos soberanos en Egipto y Siria. 

Israel, ubicado entre estos dos países, era valioso para ambos. Como resultado, se convirtió en un campo de batalla, a veces gobernado por uno; a veces por el otro.

En el aó 175 aec., cuando Israel estaba bajo control sirio, Antíoco IV (Antíoco Epífanes IV) se convirtió en rey de Siria. En un esfuerzo por fortalecer su control sobre Israel, declaró que todos
sus súbditos deben adorar a los mismos dioses (griegos) y seguir las mismas costumbres (griegas). 

A los judíos no se les permitió estudiar la Torá, observar el Shabat o hacer nada relacionado con la religión judía. Algunos judíos, llamados helenistas, estaban “enamorados” de la forma de vida griega y  totalmente asimilados a su cultura. Ellos llevaban ropa griega y hablaban griego. 

Sus oponentes, llamados jasidim (no deben confundirse con los jasidim modernos), no estaban de acuerdo con la helenización. Temían que la influencia de la cultura griega destruyera el judaísmo. 

Los jasidim comenzaron su resistencia con un simple rechazo a obedecer las leyes de Antíoco. Como resultado, fueron castigados duramente, y no les quedó más salida que la rebelión.
 
Comenzando en la pequeña ciudad de Modiin, no muy lejos de Jerusalén, un sacerdote llamado Matatías inició la revuelta. 

Pidió que se unieran a él de este modo: “Quienquiera que esté con Dios, que venga conmigo”. El pequeño grupo de Matatias y sus cinco hijos (que tomaron el nombre de Macabeos, o martillo) comenzó una lucha de guerrillas en las colinas contra el poderoso ejército seléucida. 
 
Posteriormente, el nombre “macabeos” se asoció con un acrónimo de las palabras (en hebreo) de los los israelitas en el Mar Rojo: “¿Quién como tú, Dios, entre los dioses que son adorados?
 
Conducido por uno de los hijos de Matatias, Yehuda, este pequeño ejército liberó Jerusalén, en una victoria vivida como milagrosa.
 
Los macabeos purificaron el templo y luego retiraron las estatuas de Zeus y los otros dioses griegos. 

Rededicaron el templo el vigésimo quinto día del mes hebreo de Kislev (que usualmente ocurre en diciembre, en la época del solsticio de invierno, el día más oscuro del año y cuando es natural buscar la luz) del año 165 aec.

Siguiendo el modelo de Sucot, que no habían podido celebrar hasta entonces, la rededicación del templo duró ocho días. 

Poco a poco, esas observancias de Sucot en el contexto de Janucá dieron lugar a otras específicas y reservadas para Janucá solamente.

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