Las “terapias de conversión” violan la ley judía, dice rabino ortodoxo



Las "terapias de conversión" violan la ley judía, dice rabino ortodoxo

En una nota reciente, Rabi Daniel Landes agrega que "no solo no curan, sino que dañan al cuerpo y al alma"


David Landes, rabino ortodoxo, es fundador y director de una asociación llamada “Yashrut”, que tiene por objetivos “construir el discurso cívico a través de una teología de integridad, justicia y tolerancia” y que, entre otras actividades, ofrece formación y ordena líderes rabínicos.

En los últimos días ha estado en el foco de los medios al ordenar al primer rabino abiertamente gay de la corriente ortodoxa, luego de que su ieshivá (academia rabínica) de origen se plegara a las presiones y le negara la semijá (ordenación).

En el marco de la consiguiente polémica, Rabi Landes escribió una larga nota fijando su posición sobre diferentes aspectos de la actitud de la comunidad judía ortodoxa hacia sus miembros LGBTQ.

Esto es lo que dice sobre las llamadas “terapias de conversión”, que supuestamente lograría que alguien homosexual “se convierta” en heterosexual.

Estas “terapias” han sido masivamente denunciadas por todas las sociedad profesionales de médicos y psicólogos no solo como carentes de fundamento científico, sino también como crueles y extremadamente dañinas.

Pese a ello, aún son recomendadas en muchos círculos religiosos (de todas las religiones), y es por eso que son tan remarcables estas opiniones de Rabi Landes. 

Cuatro son las maneras en que, según Landes, la comunidad ortodoxa trata a sus miembros homosexuales.
 
La negación
 
La primera es la negación: las ieshivot simplemente niegan que tengan estudiantes homosexuales. Como consecuencia, se crea una situación de tipo “no preguntes, no cuentes” que pronto se convierte en una forma radical de auto-negación.
 
Las terapias de conversión

Cuando esta tensión no puede sostenerse, dice Landes, se recurre a “charlatanes y falsos sanadores” que a menudo prescriben “terapias de conversión” que no solo no “curan”, sino que también “dañan el cuerpo y el alma”.  Nadie se cura; y mucha gente queda dañada.
Estas intervenciones, dice, conducen a una negación aún más tóxica y potente: “Si hay homosexuales, pueden ‘curarse'”.
 
El celibato
 

Una “solución” común a muchas corrientes religiosas es abogar por el celibato. 

Pero el judaísmo, dice Landes, es muy diferente a la Iglesia católica, y está tan orientado a la familia que ser célibe se considera un pecado, un desperdicio o, en el mejor de los casos, una desgracia. 

En este sentido, la “solución” más tradicional suele ser casar a los jóvenes para que puedan “aprender” a ser heterosexuales. 

Esta especia de “versión silvestre” de la terapia de conversión es, dice el rabino Landes, sencillamente un desastre: “aprender” a ser heterosexual es una propuesta ridícula que causa mucho daño a todos.
 

La falsa igualdad

Su primer impulso, recuerda Landes, fue tratar a los miembros homosexuales de su congregación de igual manera que a los heterosexuales, en la práctica ignorando el hecho de que pudieran existir judíos homosexuales y a la vez observantes a la manera ortodoxa.

Con el tiempo, se dio cuenta de que no se trataba más que de una variante “políticamente correcta” de negación, y que debía cambiar, por razones “halájicas” (relativas a la ley judía).
 

La razón halájica es que a los judíos gay se les pide que cumplan con un estándar de comportamiento virtualmente imposible. Si violan esa norma, son censurados o expulsados ​​de la comunidad ortodoxa. Exigencias tales como permanecer en el closet o ser célibes de por vida, son simples rechazos fantasiosos de la realidad.

Lo que, dice Landes, no es bueno ni viable. La persona sometida a estas exigencias imposible carece de una verdadera gemirat da’at, “aceptación completa” para cumplirlas, porque hacerlo iría en contra de su propia identidad.