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El Departamento de Estado y el Foreign Office ocultan los planes de exterminio nazi



El Departamento de Estado y el Foreign Office ocultan los planes de exterminio nazi

El 13 de agosto de 1942, el Departamento de Estado de USA y el Foreign Office británico deciden ocultar los planes de exterminio nazi, de los que estaban al tanto desde el 8 de agosto


El siguiente telegrama fue enviado por Gerhart Riegner, secretario del Congreso Judío Mundial en Ginebra, a diplomáticos del Departamento de Estado de los Estados Unidos y del Foreign Office británico el 8 de agosto de 1942:

Recibido informe alarmante que indica que, en el cuartel general del Führer, un plan ha sido discutido, y está bajo consideración, según el cual todos los judíos en los países ocupados o controlados por Alemania, que suman de 3½ a 4 millones deberían, después de la deportación y concentración en el Este, ser exterminados de un solo golpe, con el fin de resolver, de una vez por todas, la cuestión judía en Europa.

Se informa que se ha planificado una acción para el otoño. Todavía se están discutiendo las formas de ejecución, incluido el uso de ácido prúsico. Transmitimos esta información con toda la  reserva necesaria, ya que la exactitud no puede ser confirmada por nosotros
.
 
Se reporta que nuestro informante tiene estrechas conexiones con las más altas autoridades alemanas, y sus informes son generalmente confiables. Por favor informar y consultar a Nueva York“.

El 13 de agosto de 1942, los funcionarios que recibieron el cable decidieron mantenerlo en secreto. Se lo pasaron al rabino Stephen S. Wise recién dos semanas después, y no confirmaron su contenido ni le dieron permiso para darlo a conocer públicamente sino hasta el 25 de noviembre.

Y hubo que esperar hasta enero de 1944 para que el presidente Roosevelt estableciera la Junta para los Refugiados de Guerra con el objetivo de intentar salvar a los judíos de los nazis.

Nunca sentí con tanta fuerza la sensación de abandono, impotencia y soledad como cuando envié mensajes de desastre y horror al mundo libre, y nadie me creyó“.
– Gerhart Riegner