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¿Cómo sobrevivió el centro Gamaleya al antisemitismo y la seudo-ciencia?



El centro Gamaleya, entre antisemitismo y seudo-ciencia

¿Cómo sobrevivió el Centro Gamaleya a la seudociencia y las purgas estalinistas para transformarse en un centro de investigaciones respetado a nivel internacional?


El Centro Gamaleya tiene una larga historia, íntimamente relacionada tanto con el combate contra las enfermedades infecciosas como con el conflicto entre ciencia y seudo-ciencia en Rusia y la Unión Soviética.


Y también con la represión estalinista, cargada de antisemitismo y que se ensañó especialmente con los científicos judíos.

El Centro Gamaleya fue en sus inicios en 1891 un instituto bacteriológico privado, perteneciente a un conocido médico llamado F. M. Blumenthal, fundamental para el desarrollo de la medicina preventiva moderna en Rusia. Fue nacionalizado en 1919.
 
La historia del centro está asociada con distinguidos investigadores de fama mundial, y también con sus luchas y padecimientos.

El primero de ellos es quien le dio su nombre al centro, Nikolai Gamaleya, el fundador de la microbiología médica nacional. Trabajó en el laboratorio de Louis Pasteur en París y abrió en 1886 en Odesa -junto con el futuro Premio Nobel Ilya Mechnikov, nieto del fundador de lo que se conoció como “literatura judía rusa”- el segundo centro de vacunación contra la rabia del mundo. 
 
Los excelentes resultados obtenidos por ese centro antirrábico -comandado por Gamaleya y su colaborador, el Dr. Yakov Bardaj- fueron fundamentales para que Pasteur lograra imponer sus teorías frente a la crítica furibunda de los médicos más conservadores de su época.

 El trabajo de Gamaleya entre 1930 y 1938 al frente del Instituto que desde 1949 lleva su nombre estuvo siempre ligado a la lucha contra las epidemias (cólera, difteria, tifus) y con la organización de las campañas de vacunación masiva en la Unión Soviética.

Stalin: el antisemitismo contra la ciencia

Pese a todos los esfuerzos de Gamaleya y otros como él, la ciencia en la Unión Soviética pronto se vio atrapada entre la hoz de la seudo-ciencia de Trofim Lyssenko, elevada a la categoría de dogma oficial, y el martillo de las persecuciones antisemitas de Stalin, que afectó a muchos de los mejores científicos del país.
 
Gamaleya no se quedó callado. A los 91 años, en 1949, escribió a Stalin dos cartas de protesta contra las campañas antisemitas y el arresto de sus colegas Lina Stern, Yakov Parnas y Boris Shimeliovich.
 
“Escribir cartas” puede parecer algo banal hoy en día, pero tiempos de la Unión Soviética eran la principal carta de resistencia y protesta pública. Quienes las escribían se arriesgaban a la prisión, el exilio, y hasta la pena de muerte.
 
El caso de Lev Zilber es el más emblemático del efecto de las persecuciones antisemitas sobre los científicos vinculados al Centro Gamaleya.

Investigador de fama internacional, fue el primero en postular que los virus jugar un papel en el  origen de los tumores. Pero eso no impidió que el estalinismo lo encarcelara e hiciera sufrir las peores vejaciones no una, sino ¡tres veces!, bajo las más estrambóticas acusaciones.

Zilber no dio el brazo a torcer en ningún momento, y logró lo impensable: que Stalin cediera, en lo que un periodista llamó “la única vez en la historia en que Stalinb se disculpó“.
 
Zilber fue también uno de los grandes impulsores de la “Carta de los trescientos”, que un gran grupo de científicos soviéticos envió en 1955 al Comité Central del partido comunista de la URSS.

La carta era al mismo tiempo una evaluación del estado de la biología en la URSS y una severa crítica de los puntos de vista seudo-científico y del accionar de Trofim Lysenko, que en ese momento hacía y deshacía a su antojo en las ciencias biológicas del país, y fue el principio del fin del lisenkoismo.

Lyssenko: la seudo-ciencia como dogma de estado

Lyssenko escaló las posiciones del poder soviético rompiendo con el escepticismo racional y el método experimental, y denunciando como “contrarrevolucionarios” y “enemigos del pueblo soviético” a los genetistas científicos que se atrevieron a discutir sus postulados.

Lyssenko pretendía “aplicar la dialéctica marxista a las ciencias naturales” y, a la inversa, demostrar la validez del método dialéctico a través de las ciencias naturales.

Beneficiándose del apoyo de Stalin, Lysenko se convirtió en 1940 nada menos que en director que del Instituto de Genética de la Academia de Ciencias de la URSS, y usó su influencia política y su poder para reprimir a las opiniones disidentes y desacreditar, marginar y encarcelar a sus críticos, elevando sus teorías anti-mendelianas a la categoría de dogmas sancionados por el estado.

Los científicos soviéticos que se negaron a renunciar a la verdadera genética -muy desarrollada en la URSS antes de 1930- fueron despedidos de sus puestos y condenados a la indigencia. Cientos, sino miles, de personas más fueron encarceladas o internadas en hospitales psiquiátricos, y algunas de ellas condenadas a muerte como enemigos del Estado.

El desacuerdo científico con las teorías de Lyssenko acerca de la herencia ambientalmente adquirida fue formalmente prohibida en la Unión Soviética en 1948.

Las acciones y prácticas de Lyssenko contribuyeron a las hambrunas que mataron a millones de soviéticos; y la adopción en 1958 de sus métodos en la República Popular China tuvo resultados igualmente calamitosos, que culminaron en la Gran Hambruna China de 1959 a 1962.