Alimentos afrodisiacos de la cocina judía: el huevo

Alimentos afrodisiacos de la cocina judía: el huevo

Sí, como lo escuchas: en la cultura judía el huevo no es solo símbolo de duelo, sino también de momentos mucho más felices…

El huevo siempre ha tenido un significado simbólico particular en muchas culturas, en las que suele funcionar como símbolo ya sea del ciclo de la vida, ya sea una nueva vida que se acerca o, incluso, de un potencial aún por eclosionar. 

El huevo, en ese sentido, trae esperanza y pureza. Es un símbolo de fertilidad y, en algunas culturas asiáticas, el huevo es también visto como un símbolo de suerte y riqueza.

Debido a su asociación con una nueva vida, el huevo era un símbolo de fertilidad para casi todas las naciones antiguas. Por ejemplo, los egipcios creían que sus dioses crearon a partir del sol y la luna.

Uno de los alimentos más místicos, los huevos están vinculados con la supervivencia humana a lo largo de la mayor parte de nuestra historia. Por lo tanto, no es de extrañar que por asociación se le hayan asignado poderes afrodisiacos, gracias también a su cercanía imaginaria con los órganos reproductores masculinos.

Dentro de las referencias culturales más cercanas, es entre romanos y árabes que los huevos contaban con mayor prestigio como afrodisiacos. Y es a través de las obras de Plinio el Viejo que esta creencia llega a los médicos medievales y a los recetarios de la época.

Pero dentro de la cultura judía, las cosas parecen a primera vista diferentes, sino opuestas.

Conocido es el lugar del huevo en el seder de Pesaj en que se come un huevo mojado agua salada antes de comenzar la comida festiva, costumbre que según comentaristas como Moses Isserles es una señal de duelo en conmemoración de la destrucción del Templo, hecho que llevó a la suspensión del sacrificio pascual (el primer día de Pesaj siempre cae el mismo día de la semana que Tisha Be Av de cada año (el día en que se recuerda la destrucción de ambos Templos de Jerusalem).

Para alejarnos aún más del gozo amoroso, el huevo, que es “redondo y no tiene boca” (apertura), es considerado como símbolo de duelo, pues este “es como una rueda que gira continuamente en el mundo, y uno no debe abrir la boca en señal de queja” (BB 16b; YD 378: 9 de Gen R. 63:14).

Por lo tanto, el huevo forma parte de lo que se sirve a los dolientes al regresar de un entierro (se’udat havra’ah), y es también parte de la comida anterior al ayuno del Nueve de Av (Tisha Be Av). 

Pero esta es solo parte de la historia.

En la Agadá (la parte del Talmud no relacionada a cuestiones legales), el huevo es considerado, junto con la leche y el etrog, un gran amigo y facilitador de los orgasmos, tanto masculinos como femeninos (Y. Yoma 1:4 39a.).

¿Qué dice la ciencia sobre el poder afrodisiaco de los huevos?

La verdad, es que poco y nada.

Solo podemos decir que los huevos tienen un alto contenido de vitaminas B5 y B6, que ayudan a equilibrar los niveles hormonales y combatir el estrés, dos beneficios que no vienen nada mal a la hora del amor.

Pero sea mera sugestión o verdadera acción biológica, nada nos impide disfrutar de estos originales…

Huevos en salsa de chocolate

Ingredientes: 8 huevos
1/2 taza de caldo
1 cucharada de maicena
250 gr de champiñones
75 gr de chocolate
3 cucharadas de aceite de oliva
1 cebolla  pequeña
1 ramita de tomillo
1 vaso de vino
Pimienta negra molida, vinagre y sal, cantidad necesaria

Procedimiento

Rehogar la cebolla picada en una cazuela. Incorporar los champiñones y el tomillo, sazonar, cocer unos 10 minutos. Mojar con el vino y la maicena disuelta en el caldo. Añadir el chocolate rallado y dejar cocer hasta que ligue la salsa.

Hervir los huevos en una cacerola con agua hirviendo con sal y un chorro de vinagre. Servir la salsa de champiñones y chocolate en los platos y colocar los huevos sobre ella. 

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