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Nuevo test les dice a los pacientes de COVID sus probabilidades de enfermarse de gravedad



Nuevo test les dice a los pacientes de COVID sus probabilidades de enfermarse de gravedad

La prueba de origen israelí indica las probabilidades de deterioro, en una escala de 0 a 100


El test de severidad MeMed COVID-19 fue aprobado para su uso en Europa y el Reino Unido. 

A los pacientes se les saca una gota de sangre, una enfermera la pone en un cartucho que parece el control remoto de un televisor que se coloca en una máquina portátil, y en 15 minutos los resultados se muestran en una pantalla.

La máquina da los resultados en una escala entre 0 y 100: cuanto mayor sea el número, mayor será la probabilidad de deterioro hacia una enfermedad severa. 

No solo describe la gravedad del COVID-19 en el momento del test, sino que predice qué nivel de severidad se desarrollará durante las siguientes dos semanas. Según quienes desarrollaron el método, los resultados tienen un 86 por ciento de precisión.
 
De este modo, se puede comenzar en forma temprana con medidas de tratamiento más enérgicas destinadas a evitar la progresión hacia la gravedad en los pacientes con mayores probabilidades de tener esa evolución, sin esperar a que el cuadro se agrave efectivamente.
La tecnología se apoya en investigaciones que la empresa MeMed viene realizando desde hace una década -publicadas en revistas médicas como Lancet-,  investigando  qué niveles de proteínas específicas en la sangre son útiles para predecir la evolución de diversas enfermedades.
 
Las investigaciones recopilaron una gran cantidad de datos en docenas de centros médicos de todo el mundo, en un proyecto con financiamiento de los Estados Unidos y de la Unión Europea. 

La tecnología usada para la prueba de severidad de COVID-19 se basa en una anterior desarrollada por MeMed para determinar la causa de las “narices tapadas” infantiles.

Básicamente, se trata de un sistema destinado a determinar por qué un niño está resfriado, e indicarle a los médicos si se trata de una infección bacteriana que necesita antibióticos o de una infección viral que solo necesita sopa de pollo.

Ya se está usando en algunos centros médicos israelíes y está comenzando a implementarse en Europa.