El cannabis (medicinal y no tanto) en la tradición judía

Es sabido que Israel es la "capital mundial" de la investigación en cannabis medicinal. Mucho menos conocida es su larga relación con la tradición judía

La tradición judía se remonta a miles de años atrás, por lo que no debería ser ninguna sorpresa que los usos del cannabis se discutan ya en el Tanaj (Biblia hebrea), el Talmud, el Shuljan Aruj y otras fuentes.

En la Torá, una planta llamada kaneh bosem es una de las ofrendas rituales que Moisés debe ofrecer a Dios. Muchos estudiosos (incluidos rabinos) piensan que se trata del cannabis.

Según algunas interpretaciones de otros pasajes de la Biblia, Moisés y el pueblo judío habrían instrucciones claras sobre el cultivo y uso de cannabis, en relación a las leyes llamadas de kilyaim y shatnez. ¿Debe ser tratado como lino, o no? 

Daas HaZakenim (una colección de comentarios del Talmud, de los siglos XII y XIII) incluso discute si eran lino o tallos de cannabis las plantas detrás de las que Rahab escondió a los espías en Jericó. 

El Meam Loez (el gran comentario biblico sefaradi) dice que los tallos estaban naturalmente perfumados, sugiriendo cannabis.

Mientras el Talmud discute el cultivo de cannabis, el Shuljan Aruj (el principal código de la ley judía), menciona el uso de cannabis en las mechas de las velas de Shabat.

Muchas fuentes hablan hablan también del cannabis como un elemento básico en la ropa judía, ya que no absorbe la impureza espiritual. 

Maimónides menciona su uso como una medicina eficaz, y de hecho se descubrió que se usó en el antiguo Israel como anestésico, en especial durante el parto. 

El libro cabalístico del siglo XIII “Sefer Raziel” ofrece la siguiente sugerencia  para protegerse de los demonios: usar una mezcla de ajenjo y cannabis, en especial si alguien está “poseído” por un dybbuk.

¡Si lo hubiera sabido el autor de “El Exorcista”!

En el siglo XVI, Rabi ben Solomon ibn Abi Zimra (conocido como el Radbaz), el rabino principal de El Cairo, proclamó que “las hojas de cannabis nos hacen felices”.

Claro que tampoco faltan las advertencias: los códigos legales Tur y Shuljan Aruj advierten que no se debe recitar el Shemá (la principal oración judía) a corta distancia de un tazón donde el cannabis se esté remojando en agua, debido a su “olor”.

Y hay más: los rabinos ashkenazíes dicen que el cannabis no puede consumirse en Pesaj (la Pascua judía) porque la incluyen dentro de la categoría de alimentos llamados “kitniyot“. Los sefaradíes, en cambio, si pueden consumirlos, y los usos medicinales están exentos de la prohibición.

Según los historiadores, las comunidades judías, especialmente las ultraortodoxas, tienen una larga familiaridad con los efectos psicoactivos del cannabis. Los jasidim, por ejemplo, eran criticados por el Gaón de Vilna porque “bailaban, cantaban y fumaban” (cannabis, no tabaco). 

De hecho, se dice que el fundador del jasidismo, el Baal Shem Tov, lo fumaba en una pipa para lograr la “aliat neshama” (“ascensión del alma”).

¿Y qué hay del cannabis medicinal?

Pero esto no quiere decir que los rabinos hayan tomado el consumo de cannabis a la ligera.

Moshe Feinstein, la mayor referencia ultraortodoxa en asuntos de bioética, se refirió al tema en relación al extendido uso de hachís por los estudiantes israelíes de ieshivá (academia de estudios religiosos).

Feinstein afirmaba que debería evitarse el uso de drogas debido a sus posibles efectos negativos físicos y emocionales, porque las personas no deberían entregarse a ellas por puro placer, y porque quienes dependen de las drogas podrían llegar a extremos peligrosos e ilegales para costear su uso.

Pero el uso medicinal del cannabis es menos polémico: básicamente, dicen los rabinos, tenemos el deber moral de investigar, perfeccionar y proveer todas y cada una de las plantas que ofrezcan utilidad medicinal.

Además, en la tradición judía no existe tal cosa como una “mala planta”: todas las plantas se consideran en principio ‘kosher’, siguiendo la lectura textual de la historia de la Creación.

El judaísmo considera que las plantas, al igual que el dinero y la mayoría de las “cosas”, son amorales. Ni moral, ni inmoral: la “moralidad” surge de cómo se usan, por qué, cuándo, dónde, por quién, etc..   

Para la ley judía, es una mitzvá (obligación religiosa) aliviar el sufrimiento, sanar y salvar vidas. Esta es la razón de que el uso medicinal del cannabis esté permitido hasta en los círculos más observantes y de que tantos investigadores judíos ortodoxos participen en investigación y desarrollo en cannabis medicinal, 

Hasta el punto de que la “Orthodox Union” de los Estados Unidos comenzó en 2016 a emitir certificación kosher para los productos de cannabis medicinal.

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