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Saburo Nei, el segundo “Schindler” japonés

Saburo Nei, el segundo "Schindler" japonés

Recientemente se encontró evidencia de un segundo diplomático japonés que proporcionó visas a los judíos europeos que huían de la persecución nazi


Saburo Nei, que se desempeñó como cónsul general del Japón imperial en la lejana ciudad de Vladivostok en el este de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial- emitía visas de tránsito para los judíos que escapan de la persecución de la Alemania nazi a través de Japón.

Nei esá siendo comparado con Chiune Sugihara, el diplomático apodado “el Schindler japonés”, que proporcionó cientos de visas alos judíos que escapaban de los nazis 
en Lituania, donde estaba destinado.

Nei, que estaba destinado en Vladivostok en 1941, emitió documentos de viaje a judíos que habían escapado de Europa del Este tomando el Ferrocarril Transiberiano hasta ese puerto sobre el Pacífico, desde donde intentaban llegar a un tercer país.
 
Hasta ahora, no se sabía que Nei había emitido esas visas. Pero una investigación conjunta reciente del profesor Yakov Zinberg en la Universidad de Kokushikan y en Rusia encontró registros en los archivos estatales del Ministerio de Relaciones Exteriores que muestran que el 3 de marzo de 1941, Nei le dijo a un funcionario del Comisariado del Pueblo de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética destinado en Vladivostok que había “emitido un cierto número de visas de tránsito sin el permiso de Tokio“. 

Según el informe, dijo que sentía pena por los muchos refugiados que se quedaban en la zona, por lo que concedió los documentos. 
 
Se creía que no se había conservado ninguna de las visas que emitió, hasta que se encontró una en los Estados Unidos.
 
La visa fue encontrada por Akira Kitade, de 76 años, un escritor independiente que vive en Tokio y que ha escrito libros sobre los refugiados judíos.

Mientras buscaba pistas sobre las historias de los sobrevivientes, se enteró de un judío polaco, Simon Korentajer, que había estado en Japón con documentos de viaje emitidos por Nei. El nieto de Korentajer, Kim Hydorn, de 53 años, que reside en Estados Unidos, le envió fotografías de la visa.

La visa fue emitida el 28 de febrero de 1941 y permitía viajar a los Estados Unidos a través de los puertos de Tsuruga en la prefectura de Fukui en el Mar de Japón y Yokohama, que se encuentra en el lado Pacífico del país, en la prefectura de Kanagawa al sur de Tokio. También contiene la firma de Nei y el sello oficial del consulado en Vladivostok. Estaba impreso en un documento separado del pasaporte.
 
En ese momento, el gobierno japonés no otorgaba visas de tránsito a personas sin permiso para llegar a su destino final, pero Nei decidió emitirlas de todos modos.

En marzo de 1941, Korentajer y su familia pisaron suelo japonés entrando por Tsuruga. Luego viajaron desde Kobe, en la prefectura occidental de Hyogo, a Shangai. Finalmente viajaron a los Estados Unidos después de la guerra, en agosto de 1947, cuando llegaron a San Francisco.
 
Saburo Nei nació en el pueblo de Hirose, ahora parte de la ciudad de Miyazaki, en 1902. Estudió en el extranjero con el Ministerio de Relaciones Exteriores en 1921, y aprendió ruso en la escuela Nichiro Kyokai Gakko para la cooperación ruso-japonesa (actualmente la universidad de Harbin), en la por entonces Manchuria.

Chiune Sugihara estaba dos años más avanzado, en la misma institución educativa.

Como diplomático, Nei estuvo destinado en la Unión Soviética y en Irán, y desde diciembre de 1940 asumió el cargo de cónsul general interino en el consulado de Vladivostok.

Después de la guerra, renunció al Ministerio de Relaciones Exteriores y se unió a la Agencia de Servicios de Inmigración de Japón. Luego se desempeñó como director de las oficinas regionales de inmigración en Kagoshima y Nagoya.

Nei – que falleció en 1992- nunca habló sobre las visas que emitió durante la guerra, ni sobre el clima diplomático en ese momento.

Pero en 2016 se estableció una institución en su honor en la ciudad de Miyazaki. Los esfuerzos para brindar reconocimiento a sus logros continúan.
 
Hallazgos como éste plantean la posibilidad de que existan más héroes que esperan ser descubiertos y reconocidos.