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Thomas LaRue, “di shvartzer jazen”



Thomas LaRue, "di shvartzer jazen"

Un investigador de los Estados Unidos redescubre el mundo olvidado de los cantores de sinagoga afroamericanos...


El investigador Henry Sapoznik logró encontrar, después de años de búsqueda, un perdido disco de Thomas LaRue, jazán afroamericano que se volvió en su época una celebridad internacional cantando en idish.

Habitué de los anuncios y páginas de espectáculos de los periódicos en idish de la década de 1920, LaRue era ampliamente conocido en el período de entreguerras como der “shvartzer jazan” (“El cantor [de sinagoga] negro”).

Aunque ya olvidado hace mucho tiempo, LaRue (que a veces usaba el apellido Jones) estaba entre los favoritos del teatro en idish y la música sinagogal de la época.

Criado en Newark, Nueva Jersey, por una madre soltera que se sintió atraída por el judaísmo, pronto trascendió las fronteras de los EE. UU.

LaRue fue contratado para más de una gira europea en la década de 1930, pero el público y los críticos de las comunidades judías de Polonia y Alemania eran algo más escépticos que los estadounidenses.

Aunque muchos quedaron impresionados con “The Black Cantor”, que a veces agregaba el nombre en idish “Toibe” a sus facturas, otros dudaban de que fuera realmente judío.

Un periódico de Varsovia llegó incluso a publicar una caricatura de un hombre negro vestido de jazán con un libro de oraciones al revés, insinuando que LaRue era una impostura.

Pero LaRue no era ninguna estafa, según el musicólogo Sapoznik, quien recuerda que no era la única persona afroamericana que cantaba o interpretaba en idish: había al menos una docena, incluida una mujer.

La prueba de sus habilidades se encuentra en un disco de vinilo 78 RPM de 1923, recientemente redescubierto por Sapoznik. Hasta ahora, es la única grabación conocida de principios del siglo XX de una persona afroamericana cantando música de sinagoga.
El disco pertenece al catálogo de OKeh Records, un sello fundado en 1918 que tenía una sección que apuntaba a la comunidad afroamericana, con música grabada por muchos de los primeros grandes del jazz y el blues, como Louis Armstrong y Bessie Smith.

LaRue, por su parte, no figuraba en esa sección sino en la dirigida a la comunidad judía. Para el disco, no eligió un “hit” como “Kol Nidrei”, sino una modesta oración de súplica del servicio matutino diario, “Misratzeh Beraj’mim” (“Vuélvete favorable a través de la compasión”).

La carrera de LaRue era manejada por empresarios y representantes, pero sobre todo por él mismo, participante muy activo en la creación de su propia marca. Hacía de todo: conciertos, teatro, música publicada, grabaciones de sonido, radio, y todos sabían quién era.
 
Según Sapoznik, la pronunciación de LaRue es impecable: sabe dónde recae el énfasis en las palabras y suena como un hablante nativo.

Eso, claro, era lo más importante: si no hubiera pronunciado correctamente, su carrera habría terminado al instante.

Sapoznik comparte sus hallazgos en su blog de investigación, que espera sean la base para un futuro libro: