El día en que Kafka quiso vender falafel en Jerusalem

El día en que Kafka quiso vender falafel en Jerusalem

Quizás falafel, quizás schnitzel. No sabemos qué menú tenía en mente, pero sí que Kafka estudió hebreo para poder abrir un restaurante en Israel...

Manuscritos y dibujos de Franz Kafka nunca antes vistos se presentaron hace poco en la Biblioteca Nacional de Israel en Jerusalén, en lo que parece ser el último capítulo de una larga y ardua batalla por el legado del famoso escritor judío.

Los documentos llegaron a Israel hace dos semanas después de haber estado en una bóveda en Suiza durante décadas. Su llegada puso fin a una dura batalla legal de 11 años entre el gobierno de Israel y bibliotecas alemanas y los herederos de Esther Hoffe, secretaria de Max Brod (amigo de Kafka y responsable de que su obra no se haya perdido).

Los documentos que ahora salieron a la luz incluyen tres versiones diferentes del borrador de la historia de Kafka “Wedding Preparations in the Country“, el “cuaderno azul” en el que practicaba hebreo, escritos en ese idioma nunca antes vistos, cartas sobre y judaísmo, diarios de viaje, cartas, y dibujos hasta ahora inéditos.

Entre esos materiales, se encuentra un artículo en hebreo que Kafka escribió sobre una huelga de maestros en Jerusalén en noviembre de 1922. Kafka, que comenzó a estudiar hebreo en 1917, probablemente escribió el texto sobre la huelga poco antes de morir de tuberculosis en Austria en 1924 a los 40 años.

No está claro si Kafka simplemente tradujo o copió un artículo periodístico sobre la huelga, o si él mismo lo escribió.
 
Kafka y el hebreo

Franz Kafka  comenzó a estudiar hebreo en el fatídico año 1917, en el que le diagnosticaron la tuberculosis que siete años después terminó con su vida. 
 
Cuando su amigo Max Brod se enteró, quedó atónito. ¿Cómo era posible que durante más de seis meses su amigo cercano hubiera estado estudiando hebreo sin decírselo, justo a él, un activista sionista que planeaba emigrar a Palestina? 

La revelación condujo a una extensa correspondencia en hebreo, con la que Kafka buscaba practicar su hebreo con un hablante más calificado que él.

Si al principio Brod veía la decisión de su amigo principalmente como un intento de entretenerse intelectualmente, cuanto más profundizaba Kafka su estudio del idioma, más crecía su interés por el sionismo y sus raíces judías. 

Además de su deseo de leer la Biblia en el idioma original, estaba cada vez más interesado en la corriente socialista del sionismo. Era lector de varias revistas sionistas en alemán y se aseguró de estar al tanto de las noticias de la Segunda Aliá (ola de inmigración judía) a la Tierra de Israel.

Se encuentra evidencia de esto en uno de los ocho cuadernos hebreos de Kafka recibidos por la Biblioteca de Israel. 

Además de una lista de palabras en hebreo y sus traducciones al alemán, en el llamado “Cuaderno azul”, Kafka documentó la huelga de maestros hebreos en el Mandato Británico en Palestina de noviembre de 1922. 

La maestra de hebreo de Kafka era una joven llamada Puah Ben Tovim, que había viajado a Praga desde la Palestina británica con el objetivo de estudiar medicina. 

El punto de inflexión llegó en el último año de su vida, 1924, cuando le contó a su amada Dora Diamant, sobre sus planes para el futuro: establecerse en la Tierra de Israel y abrir un restaurante que sirviera a los pioneros sionistas. 

El plan era notablemente simple: Dora sería responsable de cocinar la comida y él sería el camarero y gerente del restaurante. 

Ese plan probablemente le haya parecido a Dora otra de las muchas historias que a Kafka le gustaba contar a sus amigos. Sin embargo, podría haber contenido más que un simple deseo: un año antes, Kafka mantuvo correspondencia con su amigo de la universidad, el filósofo y educador Samuel Hugo Bergmann y su esposa Elsa, sobre la posibilidad de que Kafka pudiera acompañar a Elsa en su viaje de regreso a la Tierra de Israel.

Al final, su precaria condición médica puso fin a cualquier posibilidad de viaje. Cuando quedó claro que los pasajes en el barco en el que había planeado viajar con Elsa se agotaron, le dijo que no prestara demasiada atención a su plan para acompañarla porque no era más que la fantasía de un hombre enfermo. Sin embargo, no descartó la posibilidad de que los visitara cuando mejorara su salud.

Pero la enfermedad quiso otra cosa, y Kafka murió el 3 de junio de 1924 en el sanatorio de Klosterneuburg.