Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on whatsapp

Hugh O’Flaherty, el Oskar Schindler irlandés



Hugh O'Flaherty, el Oskar Schindler irlandés

El 30 de octubre de 1963, fallece Hugh O'Flaherty, el sacerdote católico conocido como el "Oskar Schindler irlandés"


Hugh O’Flaherty fue un sacerdote católico irlandés y alto funcionario de la Curia Romana, y figura significativa en la resistencia católica al nazismo. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, O’Flaherty fue responsable de salvar a 6500 judíos y soldados aliados. Su habilidad para evadir las trampas colocadas por la Gestapo alemana le valió a O’Flaherty el apodo de “Pimpinela Escarlata del Vaticano”. 

Mientras la Gestapo rodea el palacio de un aristócrata antifascista italiano, un sacerdote irlandés corre al sótano.

Los nazis lo buscan por su papel en los atrevidos rescates de judíos, prisioneros de guerra y refugiados, pero esta vez parece que no habrá escapatoria.

Milagrosamente, una entrega de carbón que se realiza en el palacio ofrece la cobertura perfecta: el clérigo ennegrece su rostro, oculta su sotana y se escapa hacia la libertad por las estrechas calles adoquinadas de Roma.

Esta dramática escena, recreada en la película de 1983 “Escarlata y negro”, con Gregory Peck como monseñor Hugh O’Flaherty, fue solo una de las muchas veces que logró escapar a último momento el valiente sacerdote irlandés y diplomático del Vaticano durante su heroica campaña para frustrar a la Gestapo en la Ciudad Eterna durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando Monseñor O’Flaherty dejó la seguridad del Vaticano para poner en marcha su obra de rescate, la Gestapo le puso precio a su cabeza y muchas veces intentó  secuestrarlo.

O’Flaherty era hijo de un manager de golf de Killarney, Irlanda, y su habilidad en el juego le ayudó a abrirse camino en la sociedad romana. El sacerdote jugó con “celebrities” de la época como el yerno de Mussolini, el conde Galeazzo Ciano, así como con el ex rey español Alfonso.

Todas esas conexiones se volverían muy útiles cuando comenzó su tarea de salvataje.

En los últimos años de la guerra, cuando el gobierno italiano colapsó, O’Flaherty organizó un grupo de sacerdotes, antifascistas y diplomáticos para ayudar a albergar a judíos, prisioneros de guerra fugitivos y refugiados.

Estableció una red de “casas seguras” en apartamentos alquilados y casas religiosas en toda Roma.

En una ocasión, O’Flaherty incluso amenazó con la excomunión al portero de un edificio de apartamentos por hablar con demasiada libertad sobre la familia judía que se escondía en él.

Cuando los nazis comenzaron a enviar a los judíos romanos a los campos de concentración, O’Flaherty acompañaba a los judíos por las calles de Roma llenas de nazis,  confiando en que los documentos falsos del Vaticano que les proporcionaba les daría un paso seguro.

El prisionero de guerra judío John Furman, a quien O’Flaherty ocultó durante meses, escribió en su autobiografía que nunca vio a O’Flaherty como un sacerdote, sino como un amigo que hacía suyos los problemas de otras personas.

Cuando la Gestapo se dio cuenta de las actividades de O’Flaherty, los nazis pintaron una línea blanca que atravesaba la Plaza de San Pedro, separando el Vaticano neutral de la Roma controlada por los fascistas.

Colocaron guardias cerca, listos para arrestar al monseñor si alguna vez intentaba cruzar. Como resultado, O’Flaherty se hizo conocido localmente como el “Pimpinela Escarlata” por los muchos disfraces que usó durante sus incursiones en la capital.
 
Después de la guerra, el coronel de la Gestapo Herbert Kappler, que intentó capturar y matar a O’Flaherty, fue declarado culpable de crímenes de guerra y condenado a cadena perpetua. Sin embargo, fiel a su naturaleza, O’Flaherty lo visitó muchas veces y el nazi se convirtió más tarde al catolicismo.

O’Flaherty sufrió un derrame cerebral en 1959 y se retiró a vivir con su hermana en Kerry. Murió en 1963, justo cuando sus hazañas se estaban convirtiendo en leyenda.

El monumento que lo homenajea en su Irlanda natal, tiene inscripto el lema personal de O’Flaherty, “Dios no tiene patria”. 
 
Según el director de la fundación irlandes dedicada a preservar su legado, O’Flaherty era un republicano irlandés -línea política a la que no le faltaban simpatizantes de los nazis-, pero cuando vio cómo los nazis trataban a los judíos, supo de qué lado tenía que estar: ahí es donde se originó su lema personal.