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Operación Boda, intento de escape de la URSS



Operación Boda, intento de escape de la URSS

El 15 de junio de 1970, 16 refuseniks judíos soviéticos intentan secuestrar un avión para escapar de la URSS y atraen por primera vez la atención internacional hacia las violaciones de los derechos humanos en la Unión Soviética


En esta fecha de 1970, se produce la “Operación Boda”, también conocido como el “asunto Dymshits-Kuznetsov” o “El primer juicio de Leningrado”.

Fue un intento de 16 refuseniks soviéticos de secuestrar un avión civil en Leningrado para escapar a Occidente.

Aunque el intento no tuvo éxito, fue un mojón importante en el curso de la Guerra Fría porque llamó la atención internacional sobre las violaciones de los derechos humanos en la Unión Soviética y resultó en una relajación temporal de las restricciones a la emigración.

El plan era abordar un avión pequeño, amarrar a los pilotos y abandonarlos, para intentar escapar de la Unión Soviética, y el nombre que le dieron a la operación se debía a que el objetivo declarado de su viaje era asistir a una boda.

Pero el verdadero objetivo era dirigirse a Israel: al grupo se le habían negado las visas de salida y veían al secuestro como su único medio de escape.

Sin embargo, la KGB descubrió el complot y arrestó a todos en la pista antes de que el plan pudiera llevarse a cabo.

Kuznetsov, el líder del grupo, fue declarado culpable por una corte soviética y condenado a muerte ante el pelotón de fusilamiento. La única declaración de su reciente esposa Zalmanson en el juicio fue “El año próximo en Jerusalén”. Fue condenada a 10 años.

Los 16 secuestradores eran los únicos pasajeros a bordo, pues habían comprado todos los asientos del avión.

También habían comprado sacos de dormir y una carpa para los pilotos para que no sufrieran de frío antes de ser encontrados, y habían planeado aplicarles la vacuna contra el tétanos y dejarles una botella de vodka.

La parte más perturbadora de la historia se relaciona a las miserables condiciones de su vida en prisión. El pan que los soviéticos les daban estaba húmedo hasta el punto de ser casi incomible.

Zalmanson fue mantenida en régimen de aislamiento, en una celda sin ventanas que estaba tan fría que debía envolverse en periódicos. Acostumbraba a bailar un vals, sin música, para recordar cómo se sentía ser libre.

Siguió soñando que todavía estaba en confinamiento solitario durante mucho tiempo después de ser liberada.

Kuznetsov pidió durante años que le dieran un colchón para dormir. Tragaba trozos de papel enrollado para ocultar a los guardias de la prisión el libro que estaba escribiendo. En 1973 se publicó en el extranjero, con el título de “Diario de la prisión”.
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Gracias a una asombrosa demostración de diplomacia internacional, los secuestradores finalmente lograron su libertad.

La primera ministra israelí Golda Meir envió un mensaje al dictador fascista español Francisco Franco, pidiéndole tener piedad con seis terroristas vascos condenados a muerte, con la esperanza de que “Brezhnev el comunista intentara demostrar que era más humano que Franco el fascista”.

Y funcionó. Las condenas a muerte fueron conmutadas por 15 años de prisión, y los secuestradores fueron finalmente intercambiados por espías soviéticos y liberados. 

Los dos miembros no judíos del grupo cumplieron las condenas más largas, 14 y 15 años, ya que el hecho de que no fueran judíos constituía una traición mayor para los ojos soviéticos. 

Incluso después de ser liberados, no se les permitió salir del país hasta el colapso de la Unión Soviética. Ahora viven en Nueva York.